Historia de una sobreviviente

    Tammy Hart Dyer, Nashville, TN
El 22 de mayo del 2009, yo vi a mi hijo mayor Jeremy, caminar a través de un escenario en el Grand Ole Opry para aceptar su diploma de escuela secundaria. Yo no hubiera estado allí si no fuera por la generosidad de alguien que dono la sangre de su cordón y por eso le voy a estar eternamente agradecida.

En la última semana del mes de Enero del 2007, mi vida estaba en orden y en su mejor punto. A mis 39 años, había empezado un trabajo nuevo en Diciembre, mis dos hijos, Jeremy de 15 y Joseph de 6, gozaban de buena salud, mi esposo tenía un trabajo de muy buena paga y estábamos listos para progresar en vez de tratar de ponernos al día.

También yo estaba tomando buenas medidas de salud. Hacía ejercicios Pilates tres veces a la semana y los días que no asistía al estudio, yo pasaba de 30 a 40 minutos en la caminadora. Yo me sentía plena y sana en cuerpo, alma y espíritu. Allí fue cuando empezó todo.

Parecía ser el inicio de gripe. Muchos de mis compañeros de trabajo la habían contraído y la gripe era lo suficientemente inusual que mantenía a muchos de ellos en casa de cuatro a cinco días y sufriendo los síntomas por una semana o más, por lo que parecía ser el evento lógico.

El sábado, los síntomas se parecían más a la gripe; diarrea, vómitos y escalofríos. Cancele mis planes de una caminata de 5K para el zoológico local, pero yo tenía que viajar a Bethehem, PA el domingo para presentar una clase de entrenamiento por 2 días. No estoy segura como lo hice porque mis síntomas no mejoraron. Entre sesiones, fui al baño a vomitar y mi fiebre no se me quitaba. Sentí un alivio cuando el avión aterrizo en Nashville el Martes por la tarde y llegue a casa.

Me quede en casa hasta el viernes siguiente por la tarde. Llame diariamente a mi doctor y él me aseguraba que solamente era gripe, pero mis instintos me decían que había algo mal. Cerca de las 10:30pm llame a mi suegra (mi esposo estaba trabajando tarde), y le pedí que me llevara a la sala de emergencias. Después de hacer ciertos exámenes básicos y no encontrar nada definitivo, el doctor decidió ingresarme en el hospital bajo observación. Me sentí aliviada porque pensé que estaba seriamente deshidratada y tenía miedo regresar a casa.

Después de eso, las cosas sucedieron rápidamente y la experiencia fue caótica. Ellos no tenían un diagnostico exacto pero sospechaban de cáncer y me asignaron a una Oncóloga que se iba de vacaciones por 10 días. Cuando yo le pregunte que podía hacer, ella me contesto: “Solamente quédate viva hasta que yo regrese y trata de que esta gente no te vuelva loca”. Me repetí este mensaje en la cabeza hasta cuando estuve en coma y mi necesidad de estar viva por mis hijos, me salvo la vida.

Durante la semana siguiente, la cuenta de células de mi hígado bajaron. La semana siguiente me incubaron y me movieron a la sala de cuidados intensivos. Durante este tiempo, el hospital envió mi biopsia a especialistas de cáncer a hospitales alrededor del país, primero en Sloan NY, después Anderson Texas hasta que finalmente llego al Instituto de Cáncer en Bethesda MD, en donde un patólogo hizo el diagnostico de linfoma de la célula NK. Solamente 2 personas al año son diagnosticadas con este cáncer en los Estados Unidos y la mayoría mueren durante las primeras semanas de ser diagnosticadas por lo agresivo que es. A mi familia le dijeron que lo más probable sería que yo no iba a sobrevivir el tratamiento parcial de quimioterapia que ellos iban a realizar y que yo solo tenía horas para vivir. Ellos no tenían la menor idea de lo decidida que puedo ser.

Tomo 46 días de lucha en el hospital, desde el desencadenamiento y el tratamiento de este cáncer, seguido por 70 días mas de quimioterapia intensiva. Todos los doctores con los que hablaba insistían que yo necesitaba un trasplante de la medula lo más pronto posible y con esto iba a vencer este cáncer. Mi doctor también dijo que había un 80% de probabilidad de que podríamos encontrar una medula compatible en el registro de donantes, pero no encontramos ninguna. Mi vida pudo haber terminado en ese momento si no hubiera sido por aquellos que se dedican a la colección de unidades de sangre del cordón umbilical y por la gentileza de aquellas personas que donaron su cordón a un extraño.

Los médicos del Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt habían empezado a hacer trasplantes usando la sangre del cordón así que ellos buscaron en el registro de sangre del cordón y encontraron un compatible. Yo estoy convencida de que estoy curada de una enfermedad terrible y de que voy a vivir una vida larga y plena que incluirá ver a mis hijos crecer y prosperar por su propia cuenta. He hablado con muchos individuos que están buscando usar la sangre del cordón para ayudar con la lucha de otras enfermedades inmunológicas y hasta parálisis.

Yo estoy dedicada a trabajar a través de cualquier punto de salida (outlet), incluyendo la Fundación Brady Kohn, para ayudar a propagar información acerca de los beneficios de la donación de la sangre del cordón y le ruego que considere que tome tiempo para hablar con su doctor y asegúrese de que la sangre de su cordón sea conservada. Solo unas un par de entrevistas y su generosidad puede salvarle la vida a alguien. Salvo la mía.



  • 1-866-SAVCORD To register to donate your Umbilical Cord Blood.
  • Give life.Twice.
  • The Brady Kohn Foundation ph (302) 765-2875 • fx (302) 765-3343 P.O. Box 7261 Wilmington, DE 19803